Archive for the '-Biografias' Category

10
Abr
08

José Rosas Moreno (poeta)

JOSÉ ROSAS MORENO
(1838-1883)

Nació en Lagos de Moreno, estado de Jalisco, Cursó
sus estudios primarios en León, Guanajuato, e ingresó
en el colegio de San Gregorio de la ciudad de México.
Abrazó la causa liberal y fue perseguido por sus
opiniones. Después de la restauración republicana
figuró en varios períodos como diputado al Congreso
General. Fundó varios periódicos y desempeñó modestos
puestos públicos. Poeta de tono menor, su lírica
contiene dulzura y apacibilidad, nostalgia y suave
melancolía. Escribió también teatro infantil,
historias de México en verso y libros de lectura
para niñas y para niños. Una buena colección de sus
poemas se publicó en 1891 con el título de “Ramo de
violetas” con prólogo de Altamirano.
“La vuelta a la aldea” es uno de los últimos textos
plenamente románticos e indica algo de lo mucho que
suscitó la lectura de Becquer en los poetas mexicanos..
Además de poeta lírico fue uno de los que cultivaron
el drama con sentida preocupación artística.

A Rosas Moreno se le ha llamado “El poeta de la niñez”.
Conceptuándolo como el mejor fabulista mexicano; sus
apólogos son los más notables que se han escrito
en México.

Alumno del colegio de San Gregorio, periodista
liberal, diputado y autor de las mejores fábulas
mexicanas ( 1872), Rosas Moreno escribió también
teatro infantil, historias de México en verso y
libros de lectura para niñas y para niños. En
una época de olvido y desprecio para su obra
estrenó una pieza sobre Sor Juana Inés de la Cruz
(1876). Sus mejores poemas se publicaron
póstumamente en “Ramo de violetas” (1891) con
prólogo de Altamirano. “La vuelta a la aldea” es
uno de los últimos textos plenamente románticos
e indica algo de lo mucho que suscitó la lectura
de Becquer en los poetas mexicanos. Por esta página
Rosas Moreno figura siempre y merecidamente,
en las antologías del Siglo XIX.

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10
Abr
08

Octavio Paz

Octavio Paz

Nació el 31 de marzo de 1914 en Mixcoac (Distrito Federal de México). Era nieto del escritor Irineo Paz, y la biblioteca de su abuelo, fue la primera en mostrarle las obras culturales más representativas. Su padre era Octavio Paz, que había participado en la Revolución Mexicana.

Octavio Paz
De pequeño, se mudó con su familia a Estados Unidos, donde comenzó sus estudios.

La sangre revolucionaria legada por su progenitor, se manifestó en su participación en los levantamientos estudiantiles, que lograron la autonomía de la Universidad de México, en 1929.

Su primer poema “Cabellera”, lo publicó a la edad de 17 años. A partir de esa época, comenzó la creación y colaboración con revistas literarias, siendo la primera “Barandal”, y luego, “Cuadernos del Valle de México”.

En 1933, apareció su primer poemario “Luna Silvestre”.

En 1937, ocupó el cargo de profesor rural en Yucatán, donde contrajo enlace con la escritora Elena Garro. Ese año viajó a España, durante la Guerra Civil Española, y participó junto a su esposa en el Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en Venecia, publicando “Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España”, “Perfil del Hombre” y “No pasarán”. De esa época data su contacto con el poeta Pable Neruda.

Regresó a México en 1938, y colaboró en la creación del diario “El Popular”, siendo su redactor jefe. Ese mismo año, fundó la revista “Taller”, en colaboración con Efraín Huerta y Rafael Solana, donde pudieron expresarse jóvenes escritores españoles exiliados en México.

En 1939 publicó “A la orilla del mundo” y “Noche de resurrecciones”.

En 1940, junto a Xavier Villaurrutia fundó la revista “El hijo pródigo”.

La poesía inglesa llegó a su conocimiento a través de un viaje que realizó a Estados Unidos en 1944, al serle concedida la beca Guggenheim.

Entre 1946 y 1952, fijó su residencia en París, al ingresar al servicio Exterior Mexicano. Allí, conoció varias personalidades como André Bretón y Albert Camus. Sus ideas, bajo tales influencias se inclinaron hacia posiciones antimarxistas y surrealistas. En este período nacieron las siguientes obras: “Libertad bajo palabra” (1949), “Piedra de sol”, “El laberinto de la soledad” (1950), “¿Águila o sol?” (1951) y en 1956 “El arco y la lira”.

El pensamiento oriental, de gran influencia en su creación le fue revelado a través de sus viajes a la India y Japón que realizó en 1951 y 1952, respectivamente.

En 1955, fundó “Poesía en voz alta”, grupo que consolidó con la colaboración de Leonora Carrington, Juan Soriano y Juan José Arreola. Colaboró con la “Revista mexicana de literatura” y con “El corno emplumado”.

En 1956 escribió una obra de teatro: “La hija de Rapaccini”. Ese mismo año fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia.

Regresó a Francia en 1960, y en 1962, fue nombrado embajador de México en la India. De este período, pueden destacarse: “Salamandra” y “Ladera este”.

En 1965, publicó un ensayo dedicado a cuatro poetas destacados: Luis Cernuda (español), Fernando Pessoa (portugués), Ramón López Velarde (mexicano) y Rubén Darío (nicaragüense).

Octavio Paz
En 1966 y 1967, respectivamente, surgen “Puertas al campo” y “Corriente alterna”.

El 2 de octubre de 1968, se produjo en México la matanza de estudiantes, y esto motivó su renuncia al cargo de embajador como acto de protesta.

Regresó a México en 1971, donde creó la revista “Plural”.
Publicó un poema en prosa “El mono gramático”, posteriormente “Los hijos del limo” (1974), “Pasado en claro” (1975) y en 1976, nace la revista “Vuelta”, de gran difusión y prestigio.

En 1979, surge una obra política “El ogro filantrópico”.

En 1981 se lo condecoró con el Premio Cervantes.

En 1982 publicó “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”, en 1983 “Tiempo nublado” y “Sombras de obras”, en 1984 “Hombres en su siglo”, en 1987 “Árbol adentro”, en 1990 “Pequeña crónica de grandes días” y “La otra voz”, distinguiéndoselo en ese año con el Premio Nobel de Literatura.
Entre 1991 y 1995 surgen: “Convergencias”, “Al paso”, “La llama doble”, “Itinerario” y “Vislumbres de la India”.

Tras una larga enfermedad, falleció en la ciudad de México, el 20 de abril de 1998.

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10
Abr
08

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero

 

 

 (Francisco Indalecio Madero) Político de la revolución mexicana (Parras, Coahuila, 1873 – México, 1913). Hijo de un terrateniente, Francisco Madero estudió en Francia y en Estados Unidos. Su preocupación por las condiciones de vida de las masas le hizo entrar en política, defendiendo ideas democráticas y de reforma social.

Su oposición contra la dictadura de Porfirio Díaz le llevó a la cárcel (1910); se evadió a Texas y allí organizó la Revolución mexicana de 1910. Derrotado el gobierno por las tropas de Orozco y de Zapata, se celebraron elecciones presidenciales, en las que triunfó Madero (1911).

En sus quince meses de gobierno, Francisco Madero quiso reconciliar a la Revolución con los restos del antiguo régimen; pero la división del movimiento revolucionario puso fin a sus planes. Madero había establecido un régimen de libertades y de democracia parlamentaria; pero no había satisfecho las aspiraciones de cambio social que latían en las masas revolucionarias.

 

Zapata, Reyes y Orozco se sublevaron contra él; y Huerta, comandante de las fuerzas que debían defender México, le traicionó, le depuso y le mandó asesinar alegando que había intentado escapar (1913). Quien no había conseguido en vida mantener unidos a los revolucionarios, se convirtió tras su muerte en un símbolo eficaz de la unidad de la Revolución contra el usurpador Huerta.

 

 

 

 

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16
Mar
08

Amparo Ochoa

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Nacida en el ingenio azucarero de Costa Rica, Sinaloa, (México) Amparo eligió inicialmente el magisterio como profesión, se desempeño como maestra rural en La Palma, Villa Angel Flores y Tierra Blanca en su estado natal y aunque dejó la labor docente para estudiar música, nunca perdió la “textura y sencillez de la profesora de escuela”.2

Su vida fue la música, a la que se dedicó de lleno desde 1969, incorporándose al movimiento del Canto Latinoamericano. Quién no la recuerda interpretando “La maldición de la Malinche”, “A que le tiras cuando sueñas mexicano”, “Jugar a la vida”, “El barzón”, “Jacinto Cenobio”, “Te quiero” de Benedetti, y muchas, muchísimas más que sería imposible ennumerar aquí.

Miembro de una generación de intérpretes y compositores que tuvo su origen en la década de los sesenta, Amparo Ochoa emergió desde un principio como la gran figura de la entonces naciente Nueva Canción.

Los 25 años de su trayectoria artística fueron marcados por el signo de una entereza inquebrantable.

Fiel a sus ideales, asumió con profunda responsabilidad el llamado de su propia conciencia para ir de pueblo en pueblo, de plaza en plaza, de lugar en lugar y dejar en cada parte su testimonio de lucha, la convocatoria a conquistar un mundo más justo, a no deponer la dignidad y a ondear siempre la bandera libertaria.

El hecho de que desde pequeña en su tierra natal, Sinaloa, sus familiares la hayan rebautizado con el nombre de “Vida”, encierra en sí un símbolo que va más allá de la llaneza de un apodo, pues es la vida lo que departió en cada canción que interpretó.

Ya lo dijo Elena Poniatowska: “Al igual que otros toman su fusil, Amparo Ochoa va con su voz anunciando la buena nueva, pregonando el día de la liberación, el día en que nadie sea esclavo y que a ningún niño le falte su cometa”.

La firmeza de sus principios la alejaron de intereses comerciales y de afanes protagonistas, sacrificando así la posibilidad de la fama y el dinero a cambio de su gusto por cantar a la tierra, al amor y al desamor, a los retos del hombre y de la mujer, a las tradiciones y costumbres, a los injusto y a la esperanza. Y lo hizo con una diversidad musical tan amplia que sólo puede reconocerse en voces que, de tan prodigiosas, resultan extrañas.

Amparo Ochoa es más que la nueva canción, es más que el folklor o el neofolklor. Amparo Ochoa es su actitud, lo suyo como mujer, como madre, como hija, como hermana; como ciudadana del mundo esparciendo el lenguaje de la solidaridad; como vocera y representante fiel de los más caros anhelos de todos los pueblos. No es gratuito que el cancionero popular universal la registre como uno de sus principales exponentes.

Amparo Ochoa falleció en 1994. Sin embargo su estilo abierto, carácter y gallardía se mantienen vivos en todos y cada uno de sus discos, invaluable legado cultural que trasciende la etiqueta de canciones al erigirse como documentos vivos, pues en ellos están expresados el dolor, la alegría, el coraje, la pasión y la ilusión, no sólo del pueblo mexicano, sino también el de toda América Latina, o el del viejo continente, a donde llevó la hermandad de estas tierras.

Esa es su herencia y a la vez su voz de presente.

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09
Mar
08

Frida Kahlo

(Coyoacán, México, 1907-id., 1954) Pintora mexicana. Aunque se movió en el ambiente de los grandes muralistas mexicanos de su tiempo y compartió sus ideales, Frida Kahlo creó una pintura absolutamente personal, ingenua y profundamente metafórica al mismo tiempo, derivada de su exaltada sensibilidad y de varios acontecimientos que marcaron su vida.


Frida Kahlo

A los dieciocho años Frida Kahlo sufrió un gravísimo accidente que la obligó a una larga convalecencia, durante la cual aprendió a pintar, y que influyó con toda probabilidad en la formación del complejo mundo psicológico que se refleja en sus obras. Contrajo matrimonio con el muralista Diego Rivera, tuvo un aborto (1932) que afectó en lo más hondo su delicada sensibilidad y le inspiró dos de sus obras más valoradas: Henry Ford Hospital y Frida y el aborto, cuya compleja simbología se conoce por las explicaciones de la propia pintora. También son muy apreciados sus autorretratos, así mismo de compleja interpretación: Autorretrato con monos, Las dos Fridas.

Cuando André Breton conoció la obra de Frida Kahlo dijo que era una surrealista espontánea y la invitó a exponer en Nueva York y París, ciudad esta última en la que no tuvo una gran acogida. Nunca se sintió cerca del surrealismo, y al final de sus días decidió que esa tendencia no se correspondía con su creación artística.


Autorretrato de Frida Kahlo

En su búsqueda de las raíces estéticas de México, Frida Kahlo realizó espléndidos retratos de niños y obras inspiradas en la iconografía mexicana anterior a la conquista, pero son las telas que se centran en ella misma y en su azarosa vida las que la han convertido en una figura destacada de la pintura mexicana del siglo XX.

09
Mar
08

Diego Rivera

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Diego Rivera (Guanajuato, 1886 – ciudad de México, 1957) Pintor mexicano, considerado uno de los principales muralistas de su país. Estudió por espacio de quince años (1907-1922) en varios países de Europa (en especial, España, Francia e Italia), donde se interesó por el arte de vanguardia y abandonó el academicismo. Diego Rivera y Frida Kahlo Las obras de este período reflejan, por un lado, un acusado interés por el cubismo sintético (El guerrillero, 1915), asumido en su etapa parisina, y por otro, una gran admiración por los fresquistas del Quattrocento, (y en especial, por Giotto), lo que motivó su alejamiento de la estética cubista anterior. Identificado con los ideales revolucionarios de su patria, Rivera volvió desde tierras italianas a México (1922), en un momento en que la revolución parecía consolidada. Junto con David Alfaro Siqueiros se dedicó a estudiar en profundidad el arte maya y azteca, que influirían de forma significativa en su obra posterior. En colaboración con otros destacados artistas mexicanos del momento (como el propio Siqueiros y Orozco), fundó el sindicato de pintores, del que surgiría el movimiento muralista mexicano, de profunda raíz indigenista. Durante la década de los años 20 recibió numerosos encargos del gobierno de su país para realizar grandes composiciones murales (Palacio de Cortés en Cuernavaca, Palacio Nacional y Palacio de las Bellas Artes de Ciudad de México, Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo) en las que Rivera abandonó las corrientes artísticas del momento para crear un estilo nacional que reflejara la historia del pueblo mexicano, desde la época precolombina hasta la Revolución, con escenas de un realismo vigoroso y popular, y de colores vivos. En este sentido, son famosas, por ejemplo, las escenas que evocan la presencia de Hernán Cortés en tierras mexicanas (por ejemplo, la llegada del conquistador a las costas de Veracruz, o su encuentro en Tenochtitlán con el soberano azteca Moctezuma II). El porteador de flores, de Diego Rivera Artista comprometido políticamente, Rivera reflejó su adhesión a la causa socialista en sus propias realizaciones murales y fue uno de los fundadores del Partido Comunista Mexicano. Visitó la Unión Soviética en 1927-28, y, de nuevo en México, se casó con la pintora Frida Kahlo, que había sido su modelo. En la década de 1930 marchó a Estados Unidos, donde puso su arte al servicio de la exaltación del maquinismo; realizó diversas exposiciones y pintó grandes murales en las ciudades de San Francisco, Detroit -decoración del Instituto de Arte de Detroit (1932)- y Nueva York -Rockefeller Center (1933), que fue rechazada por sus contenidos socialistas.

De 1936 a 1940 Rivera se dedicó especialmente a la pintura de paisajes y retratos. Ensayista y polémico, publicó junto a André Breton un Manifeste pour l’Art Révolutionnaire (1938). Por otro lado, este gran pintor mexicano legó a su país una destacada colección de figuras indígenas que instaló en su casa museo, llamada el Anacahualli.

28
Feb
08

Jaime Sabines (Poeta Mexicano)

Jaime Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926. Es hijo del mayor Julio Sabines, de origen libanés, y de doña Luz Gutiérrez, nacida en Chiapas.  

Julio Sabines, nació en un pueblo cerca de Líbano, siendo un niño junto con sus padres y sus dos hermanos emigró a América. La familia se asentó en Cuba, pero pocos años después Julio se marchó a México. Participó en la Revolución y, al llegar a Chiapas, había alcanzado ya el grado de capitán de las fuerzas carrancistas. Por su parte, Doña Luz pertenecía a la alta sociedad chiapaneca de su tiempo. Fue hija de Joaquín Miguel Gutiérrez, jurista y dirigente liberal que fue gobernador del estado en cuyo honor la capital, Tuxtla, lleva su apellido. Julio y Luz tuvieron tres hijos: Juan, Jorge y Jaime, nuestro poeta.  

Fue durante la preparatoria cuando Jaime publicó sus primeros poemas en el periódico de la escuela llamado El Estudiante; Algunos de ellos están en su primer libro, Horal. No obstante, reconoce que la mayoría de lo escrito en esa época eran versos de principiantes, como lo dejan ver —dice— los mismos títulos: “A la bandera”, “A mi madre”, “Primaveral”, “Introspección”, y poemas a las novias. Sabines llegó a ser director de ese periódico, que alguna vez lo consideró un futuro valor de las letras chiapanecas  

En 1945 viajó a la ciudad de México para estudiar medicina, carrera que abandonó a los tres años porque su concepto romántico de la medicina —quería inventar medicamentos— desapareció en los primeros meses en que estuvo en el antiguo edificio de la Inquisición, en la Plaza de Santo Domingo en el Centro Histórico, edificio sede de la Escuela de Medicina. De pronto se encontró solo, en una ciudad indiferente, y se puso a leer con fruición y desvarío. Nació la necesidad de escribir sus angustias. No quería ser médico. El poeta se hizo en ese tiempo en que estuvo en contacto con el dolor humano. 

Fue en este mismo año cuando publicó el primer poema que consideró bueno, “Introducción a la muerte”, en la revista América, que dirigían Efrén Hernández y Marco Antonio Millán. 

Después, Jaime regresó a Chiapas, donde permaneció un año. Trabajó como vendedor en la mueblería Sabines, propiedad de su hermano Juan. En 1949 regresó a la ciudad de México e ingresó a la Escuela de Filosofía y Letras.  

En su nueva facultad encontró su verdadera vocación, aprendió a ver la poesía no sólo como un don sino como un oficio. Entre sus maestros figuraban Julio Torri, Amando Bolaños e Isla, Julio Jiménez Rueda, Enrique González Martínez, José Gaos, Eduardo Nicol. Entre sus compañeros y amigos han destacado Sergio Magaña, Sergio Galindo —su gran amigo—, Emilio Carballido, Rosario Castellanos, Dolores Castro, Luis Josefina Hernández. Algunos solían reunirse a discutir y comentar sus textos en la casa de Efrén Hernández, lugar al que asistían poetas, novelistas y dramaturgos. Ahí conoció Sabines a Juan Rulfo, a Pita Amor, a Guadalupe Dueñas y a Juan José Arreola. 

Aunque Jaime Sabines comenzó a escribir a los dieciséis años, lo que rescató fue aquello que empezó a hacer a partir de los veintitrés, cuando notó que tenía una voz propia y decidió publicar Horal.  

Al aparecer esta obra, Carlos Pellicer se ofreció a hacerle un prólogo, pero Sabines rechazó la oferta porque no deseaba empezar a andar con muletas, apoyándose en la celebridad de otro. 

En 1952, cuando había cursado tres años en Filosofía y Letras, se vio obligado a regresar a Tuxtla ya que su padre habla sufrido un accidente y se encontraba grave. Durante los años universitarios, además de Horal, había escrito La señal y Adán y Eva.  

En mayo de 1953 su hermano Juan, al ser elegido diputado, viajó a la ciudad de México, motivo por el cual le dejó su tienda de ropa a su hermano Jaime, el cual contrajo matrimonio ese mismo año con Josefa Rodríguez Zebadúa, a quien conocía desde niño. 

De regreso en Tuxtla, después de su matrimonio en México e instalado en la tienda de telas El Modelo, Sabines se propuso como ejercicio de sombra —como hacen los boxeadores— hacer un soneto diario a lo largo de un mes, con la única finalidad de que la mano no se olvidara de escribir y no para buscar alguna disciplina, de la que, en el caso de la poesía, nunca ha sido creyente.  

Durante siete larguísimos años, de 1953 a 1959, el poeta, a pesar de haber publicado tres libros, vivió imprecando contra su suerte por tener que hacer algo tan indigno como barrer la calle, levantar las cortinas y mercar telas. “Entonces fue un gran aprendizaje de humildad —dice—, allí se me fue toda la vanidad, esa que tienen los jóvenes. Yo me sentía humillado y ofendido por la vida. ¿Cómo era posible que estuviese en aquella actividad, la más antipoética del mundo, la del comerciante?” Al cabo de dos o tres años la actividad fue ejerciendo sus influjos. La hostilidad de la provincia, para un poeta que había probado la hostilidad de la gran urbe, se nota en su libro Tarumba, nacido tras el mostrador de telas en 1945, cuando iba a nacer su hijo Julio.  

Al publicar Tarumba, Sabines tenía treinta años, cuatro libros, estaba casado, y tenía un hijo, vendía telas en su tienda, a donde llegaban a pedirle consejo y a beber con él otros poetas más jóvenes: Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos, Óscar Oliva, quienes más tarde formarían parte del grupo La Espiga Amotinada. 

Sabines regresó a México en 1959, cuando su hermano Juan instaló una fábrica de alimentos para animales, a la que llegó a trabajar. Ese mismo año, en el mes de abril, el Ateneo de Ciencias y Artes le otorgó el Premio Chiapas. 

De regreso en la ciudad de México, escribió Diario Semanario, un poema de amor a la enorme ciudad, la reconciliación con la gran urbe, como ha dicho el propio Sabines. 

A raíz de la enfermedad y muerte de su padre, Sabines escribió en distintas épocas cada una de las dos partes de Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. “Todo el poema —rememora el poeta— se hizo con llanto, con sangre. Es un poema del que no me gusta hablar porque es puro dolor, desgarramiento , impotencia ante la muerte…” 

En 1962, la UNAM publicó el primer Recuento de poemas de Jaime Sabines, donde se recopiló casi todo lo que había escrito hasta entonces.  

Dos años después fue becario del Centro Mexicano de Escritores, donde estaban Juan Rulfo, Francisco Monterde y Salvador Elizondo. Fue precisamente durante esa beca que el poeta escribió la segunda parte de Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. 

En 1965 visitó Cuba como jurado del Premio Casa de las Américas. Quedó impresionado por las carencias y mucho trabajo con que vivía la gente allá. Esto le produjo un desencanto con la izquierda. A raíz de esto escribió poemas de carácter político que incluiría en Yuria, publicado en 1967. Yuria no significa nada en especial, explica el poeta: “es el amor, es el viento, la noche, el amanecer, incluso un país o bien una enfermedad”. 

En 1966 murió su madre, Doña Luz. Al cabo de unos meses le escribió. Buscó hacer un canto tierno, librarse de tantas muertes. Sin embargo, al final descubrió que “ante la muerte lo único que se tiene es la cabeza rota, las manos vacías, ante la muerte el poema no existe”. “Doña Luz”, que forma parte del libro Maltiempo (1972), no deja de ser una reflexión filosófica ante la vida. Además, el libro habla de la cotidianidad, del cadáver de su gato, del viaje a la luna, del ’68. No se trata de poesía de intensidad sino de ideas, de trucos, de inteligencia y malicia poética, explica el autor. Dos años más tarde de esta publicación, en 1974, recibió el Premio Xavier Villaurrutia. 

En 1976 y 1979 fue diputado federal por Chiapas. En 1982, año en que hizo erupción el Chichonal, le fue otorgado el Premio Elías Sourasky. Sabines se encontraba en Pichucalco cuando se enteró de la noticia, pero le pareció fútil que mientras él era distinguido así, la naturaleza se encargaba de decirle lo poco importante que son estas vanaglorias y la pequeñez humana y el desamparo ante lo verdaderamente ingente.  

En 1985, compró un rancho cerca de los lagos de Montebello al que bautizó con el nombre de Yuria. Fue una época en la que cultivó la tierra, y en la que estuvo en contacto profundo con la naturaleza. En 1988 fue elegido diputado por el Distrito Federal, motivo por el cual dejó su rancho. 

También en 1985, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1986, con motivo de sus sesenta años, fue homenajeado por la UNAM y el INBA. Ese mismo año el Gobierno del Estado de Tabasco le entregó el Premio Juchimán de Plata. En 1991 , el Consejo Consultivo le otorgó la Presea Ciudad de México y en 1994 el Senado de la República lo condecoró con la medalla Belisario Domínguez. Por su libro Pieces of Shadow (Fragmentos de sombra), antología de su poesía traducida al inglés y editada en edición bilingüe, Jaime Sabines ganó el Premio Mazatlán de Literatura 1996. 

En la última década la enfermedad golpeó el cuerpo del poeta. Una fractura en la pierna izquierda, la complicación de varios males a los que sumaron más de 35 operaciones, hicieron que Sabines permaneciera gran parte de esos años en casa. Tiempo en que el poeta pudo reflexionar más acerca de la condición humana, y en el que lorgó concluir apenas un poema “Me encanta Dios”, un canto que marca su “reconciliación con Dios”. Tiempo también en el que revisó sus libretas donde fue escribiendo cada uno de sus poemas, de ahí Sabines rescató algunos que se convertiran en breve en sus Poemas rescatados. En ese tiempo, el poeta también pudo viajar, cuando la enfermedad no arreciaba tanto, las ciudades de Tamaulipas, Monterrey, Guadalajara, Tijuana y Tuxtla Gutiérrez, recibieron a Sabines para escucharlo decir sus poemas. En 1995 estuvo en Nueva York para presentar su libro Pieces of Shadow; junto a su traductor W.S. Merwin. Sabines leyó algunos versos en el atrio de la catedral de San Juan “El Divino”. En el verano de 1997 participó en un encuentro de poesía en la capital holandesa. En octubre de ese mismo año viajó a Quebec, Cánada, para estar en un encuentro de poesía y en la publicación de su antología bilíngüe (francés-español) Les poemes du piéton. Dos meses más tarde se encontraba en la capital francesa para presentar una nueva edición de Tarumba, traducido por Jean-Clarence Lambert; en ese mismo viaje a Europa, Sabines fue homenajeado en Madrid por la Asociación de Artistas y Escritores de España. Muchos encuentros más esperaban al poeta. Pero el dolor se impuso ante su cuerpo. 

El 19 de marzo, a seis días de cumplir 73 años, Jaime Sabines decidió no luchar más contra la enfermedad. El poeta murió en su casa, acompañado de su esposa Chepita y sus cuatro hijos. Entonces ante el dolor de sus lectores, sus hijos recordaron en los diarios lo que Jaime Sabines siempre les dijo: “No hay que llorar la muerte, es mejor celebrar la vida”. Sabines siempre supo, que habría de amanecer. 

 

Semblanza a cargo de Pilar Jiménez Trejo

 




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